En la NBA, los Celtics y los Lakers dieron cuenta de los Pistons y los Spurs, respectivamente, y se enfrentarán en las finales de la NBA, en una edición más de un duelo que es clásico.

Muchos recordamos las grandes finales que estos dos equipos nos han dado a lo largo de la historia. En el caso de su servilleta, recuerdo muy bien las finales de los 80s, entre el Boston de McHale, Bird, y compañía y los Lakers de Kareem-Abdul Jabbar, Worthy y, sobre todo, del Magic Johnson. Estas series fueron las que nos hicieron amar este juego.
Esos duelos fueron el preámbulo del surgimiento mediático de la liga, que alcanzaría su plenitud con los Toros de Michael Jordan.
Mi pronóstico es que los Lakers ganan en 6 juegos. Claro, es una apuesta más de corazón que de otra cosa. Veremos, dijo el ciego. La serie empieza este jueves, en Boston.

Los deportes nos dan todos los días pruebas de cómo se vence a la adversidad, cómo una persona vence obstáculos: pobreza, enfermedades, etc.; y cómo logran cosas impresionantes.
En el beisbol, gran parte de la responsabilidad de un equipo corre a cargo del pitcher, a tal grado que entre las principales estadísticas de cada partido, está quién es el pitcher ganador y quién es el perdedor.
Y, desde luego, el mejor trabajo que un pitcher logra es el juego perfecto: 27 hombres, 27 outs, pero es muy difícil hacerlo, ya que los bateadores se han vuelto muy poderosos (esteroides de por medio, según algunos), y la estrategia de los managers se ha vuelto muy complicada, ya hay abridores, relevistas y taponeros.

Por eso es importante que un pitcher lance la ruta completa, y más con un doble cero en la pizarra del contrario, y si quien lo logra acaba de vencer al cáncer, es mucho mejor.
Ayer pasó eso, precisamente. El pitcher de los Medias Rojas de Boston Jon Lester, que logró lanzar un juego sin hit ni carrera en la victoria del Boston 7 – 0 ante los Reales de Kansas City.
Lester no jugó la campaña 2006 por estar enfermo de cáncer y regresó en el 2007, para jugar con el Boston y llegar con ellos hasta la Serie Mundial del año pasado, donde lanzó y ganó el juego decisivo para el segundo título de los patirrojos en el siglo.
Desde luego, ese tipo de ejemplos son los que nos animan a nosotros, los simples mortales. Si el pudo hacer lo que hizo, estando enfermo… ¿por qué yo no?
Por eso el deporte es hermoso.